Hace un tiempo me preguntó TITO VÉLEZ cómo se conduce una DUCATI. Pues bien, no seré yo quien pueda darle lecciones a un loco que se ha jugado la vida entre balas de paja, ni mucho menos, pero mi visión de cómo puede ser sí la puedo compartir con vosotr@s.

Tomen asiento, esto puede que se complique…

Por: DESMO_Adicto
Twitter: @DESMO_Adicto

Cuando uno entra en el mundo de la gasolina sabe que existen dos bandos, el europeo y el japonés. Y dentro del universo europeo, tenemos una marca que hizo seña de identidad los chasis tubulares, los embragues en seco y los bramantes y palpitantes motores V2, poco queda de aquellas máquinas duras y abruptas….

Cuando te subes a una SBK salida de la factoría de Borgo Panigale, tu mente aprecia las cosas a cámara lenta. Las pistonadas que te entrega un V2, nada tiene que ver con la alegría con que sube de vueltas un molinillo japonés. Aún recuerdo las 16.500 rpms de mi R6 y cómo el primer día que me subí en mi 999 hice dos cortes de inyección al llegar a 10.500, pero eso, eso es otra historia.

Una DUCATI se conduce desde dentro, no es tu cuerpo quien la guía, es tu alma quien transporta la máquina de viraje en viraje; entras en un nirvana de sensaciones que te abstrae del mundo: eres tú, tu patio de recreo, y el vacío.

Realmente vas rápido de una manera mentalmente menos estresante; acompasas tus movimientos con la dulzura que te permite rodar a cámara lenta; no necesitas ir enfadado encima de la moto, la moto responde a tus insinuaciones: directa, dura, exigente con quien duda y tremendamente estable cuando apoyas los flancos de sus neumáticos sobre el duro manto negro que los desgarra a cada insinuación del acelerador, y que riza su goma para que cuando el efecto giroscópico de sus ruedas se detenga, compañer@s de todos los colores sepan que tú, tú, te has divertido “MALANDRIN”.

Es algo muy típico, al parar en un lugar de moter@s, estudiar las ruedas de tus compañeros: dureza, inclinación, rugosidades en los bordes….dime cómo desgastas las ruedas y te diré cómo conduces…

Los ducatistas, muchos venimos de las motos japonesas, y conocemos las carencias y virtudes de ambos bandos, pero los que no han podido probar y entender una DUCATI, simplemente no casan con esa filosofía de fábrica pequeña luchadora desafiando a los todopoderosos kamikazes nipones.

Mejor, peor, diferente… un ducatista es un motero diferente, ama su posición como diferente, le gusta quemarse las posaderas al parar la máquina, no tiene miedo a las explosiones de un pistón que apunta a su entrepierna, encuentra pocos iguales a él, pero cuando dos ducatistas se cruzan en la carretera, saben que cuentan con un amigo si hiciera falta.

Ser ducatista es un orgullo, nadie te lo regala, pero si much@s moteros sueñan con poseer una máquina de la casa madre italiana, algo estarán haciendo bien. Y no en la marca, son sus aficionados, sus incondicionales los que defienden de las hordas japonesas las virtudes de la marca a modo de agradecimiento por las sonrisas sonsacadas.

Yo no sé qué tiene esta marca, pero no pasa indiferente por la calle. Provocan tantos giros, tantas miradas, que es muy difícil pasar desapercibido. Y eso nos gusta mucho a los moter@s, protegidos detrás de nuestras viseras oscurecidas observamos los ojos acechando a nuestro paso, vigilando nuestro adiós.

Tito, yo no sé cómo se conducen, pero sé cómo se disfrutan. Ser feliz cuesta muy poco, ser ducatista un poco más.

Atentamente @DESMO_Adicto

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here